Sí, es para tanto: un mapa revela que la ciudad está repleta de abusadores

Se trata de un proyecto impulsado por activistas ciclistas que busca visibilizar el acoso y el abuso sexual en los espacios públicos. En el Día de Lucha contra el Acoso Sexual Callejero, dan a conocer más de 300 relatos.

 

¿Qué espacios están pensados para las mujeres? La pregunta, aunque puede parecer simple, despliega ramificaciones infinitas. Caminar por Bulevar hasta San Martín durante una mañana invernal de junio en medio del tránsito habitual haría pensar que sería imposible que un hombre mayor exhiba su pene a una veinteañera en plena vereda. Sin embargo, ese relato junto a más de 300 similares –o peores– están cargados en el Mapa Interactivo del Acoso y el Abuso (MIAA) con referencias a distintos períodos y puntos de la ciudad. Ver a Santa Fe teñida de íconos violetas es estremecedor porque significa la existencia tanto de víctimas como de victimarios, y provoca en muchos casos un viaje al interior de vivencias personales que llevan entender un conjunto de costumbres como andar en grupos, tomarse un taxi o remís aunque sea por pocas cuadras o pronunciar el típico “avisame cuando llegues” al fin de una reunión de amigas.

 

 

 

En su amplia mayoría se expresa que frente a la situación de violencia no se realizó una denuncia formal y que la sensación que vivió quien subió el relato fue de vergüenza, indignación, miedo, asco y sentimientos similares. Entre las más graves, hay reportadas cinco violaciones –ninguna denunciada– de las cuales en tres los agresores serían parejas o exparejas de las víctimas, una en un hotel alojamiento, y la última dentro de una escuela pública de la ciudad.

 

Además hay historias sobre contacto físico indebido o no consentido, acoso verbal, insinuación, acorralamiento, insultos, agresiones verbales, amenazas, miradas lascivas, golpes, fotografías y grabaciones no consentidas e intentos de secuestro, entre otros. La iniciativa es de Santa Fe en Bici y surgió de un trabajo creado por dos arquitectas de La Plata (Irene Bilmes y Elisa Deschamps del equipo Mapas de lo Efímero) de acceso libre que se propone recolectar casos de acoso y/o abuso en el espacio urbano a partir de un registro anónimo invitando a cualquier persona a realizarlo, sin distinción de género ni edades.

 

 

 

Algunos de los relatos son sobre violencia obstétrica: “Las enfermeras y anestesista, todas mujeres, cuando me estaban por hacer la cesárea, yo estaba muy nerviosa y ellas solo me gritaban y amenazaban. Luego del parto, que fue uno de los peores momentos de mi vida culpa de ellas, mientras me curaban la herida, yo no podía hablar por la anestesia, la enfermera me insultaba, me decía que sabía que yo no iba a llegar a un parto natural, que cuando me vio de lejos se dio cuenta que no llegaba y muchas otras barbaridades. En un momento tan delicado y complejo las enfermeras nunca brindaron apoyo y encima me insultaron”, dice una descripción que corresponde a octubre del 2015 en una clínica de maternidad céntrica.

 

Por otro lado, una adolescente narró lo que le sucedió una tarde de este año en Sarmiento y Risso: “Estaba yendo a la escuela en bici (tenía gimnasia), se me acercó un hombre en moto. Y apoyó su mano derecha en mi cola, me dijo “qué cola que tenés mami”, aceleró y se fue”. Otra expresó sentir miedo y bronca un día de septiembre de 2016 en Bulevar y Necochea: “Estaba esperando el colectivo bajo el techo de un local comercial (había mucho sol), y un hombre pasa y me acorrala en silencio. No tardé en correrlo con la mano y salir de ese lugar. El hombre se fue sin decir nada”. Una persona de más de 25 años describió que fue perseguida en la zona de Hipólito Yrigoyen y Santiago de Chile: “Me siguió durante dos cuadras en su bicicleta, llegó a subirse a la vereda donde iba caminando. Pedí ayuda en un taller mecánico y corrieron al degenerado ese”, lamentó al decir que sintió angustia en ese momento.

 

En el día de Lucha contra el Acoso Sexual Callejero, MIAA dio a conocer una actualización del mapa con la que se suman relatos del último mes y se adhirió e impulsó el uso del hashtag #SiEsParaTanto ya que “estas situaciones tienden a minimizarse y la visibilización muestra la magnitud del problema que impide la accesibilidad de las mujeres e identidades disidentes a derechos fundamentales” como es el uso del espacio urbano.

 

El lanzamiento de la plataforma digital fue en los primeros días de julio de este año, y desde entonces han recolectado más de 300 relatos: “Entendemos que no es algo de celebrar, el hecho de seguir sumando historias, porque significa directamente que tenemos más situaciones de acoso y abuso en la ciudad de Santa Fe. Pero por otro lado, también significa que estas situaciones salen del silencio, que empezamos a hablar de un problema que sufrimos a diario, que elegimos contarlo y que tenemos una herramienta anónima que construimos entre todos para visibilizar la violencia machista en el espacio urbano”, expresó –en lenguaje inclusivo– una de las gestoras del mapeo, Yamila Maribel Riego, aUNO Santa Fe.

 

—¿Qué esperan con la visibilización de estos relatos?
—Apuntamos a un cambio cultural y de conductas, a dejar de negar que el acoso y el abuso existen. A que la ciudad no sea ajena a estas violencias, que los lugares que recorremos lleven las cicatrices de nuestras vivencias. Hablamos un poco más como habitantes de una ciudad: en cualquier punto donde te pasa algo violento, queda una marca en tu habitar con respecto a ese sitio, uno pasa por ese lugar y ya sabe que la marca de lo que nos pasó va a quedar ahí para siempre. Es nuestro objetivo que salga del imaginario para que quede contado tanto en la virtualidad con el mapa, como en la realidad urbana con distintas intervenciones espaciales.

 

—¿Cómo son las reacciones de las mujeres al hablar sobre MIAA?
—Surge siempre el ejercicio de activar la memoria, para terminar diciendo “a mí me pasó…”. Un ejercicio personal, pero que surge de escuchar que a otras personas les pasa las mismas cosas que a una y que al contarlo produce un efecto contagio que empodera a otra persona para animarse a contarlo también. Después, se inicia una instancia de catarsis, de un recuento de la cantidad de veces en que hemos sufrido acoso o abuso en nuestras vidas, generalmente empieza a suceder desde muy temprana edad. Entendemos que el hecho de poder ponerle el nombre preciso a las violencias es parte fundamental del empoderamiento para romper el silencio. Por eso abandonamos el eufemismo del mal llamado “piropo” para llamarlo “acoso verbal sexualizado”, y hablamos precisamente de “exhibicionismo con masturbación”, de “contacto físico indebido o no consentido” y hasta de “violación”. Abandonar el tabú para hablar de violencias es necesario. Son las personas opresoras y violentas las que quieren que no hablemos del tema, es nuestra tarea tomar las palabras precisas, hacerlas nuestras para contar qué es lo que nos sucede en realidad.

 

“Hace un mes hicimos una intervención sobre Bulevar, el paseo más transitado de la ciudad de Santa Fe, en donde pegamos los relatos que han sucedido a lo largo de su recorrido. Esto un poco para evidenciar que hasta en los sitios más iluminados, más concurridos, más provistos de actividades, suceden situaciones violentas, y para poder saber así que no hay zonas seguras o zonas inseguras, la violencia no elige sitio, la padecemos en todos lados. Y tal como dice nuestra compañera de La Plata, Elisa Deschamps: “(…) En sí, estas prácticas de acoso y abuso no suceden en determinado territorio, esquina o barrio, sino a lo largo de todo el territorio y del tiempo, desde hoy mismo hacia atrás y hacia el futuro. En realidad, el mapa nos habla de que el territorio donde ocurren estos abusos es nuestro cuerpo, es el género”.

 

—Desde un punto de vista urbanístico, ¿la ciudad de Santa Fe incluye a las mujeres?
—Santa Fe, como tantas otras ciudades del mundo, no ha sido diseñada ni por ni para mujeres, niños y niñas, cuerpos no hegemónicos o personas de edad avanzada. Al planificar ciudades se deja afuera a las personas que por siglos les han sido asignadas las tareas del hogar, de la vida privada, del cuidado de niñes y ancianes. Hoy en día gracias a disciplinas como el urbanismo feminista, sabemos que las mujeres utilizan más el transporte público que los hombres y aun así no se les tiene en cuenta para la planificación de los recorridos, ni de las tarifas, ni del servicio que los mismos prestan. Sabemos también que, particularmente en la ciudad de Santa Fe, solo un 25% de las personas que elige la bici para moverse, son mujeres. Esto, a nivel mundial es un indicador de desigualdad e inseguridad, ya que se relaciona a la presencia de mujeres y niñas en la calle con entornos amigables y equitativos”.

 

—¿Cómo evalúan el trabajo que vienen realizando?
—Además del mapeo, que es la etapa virtual de MIAA, durante estos meses estuvimos presentes en algunos encuentros y eventos en los que fuimos invitadas a participar para conversar acerca de “Acoso, Abuso, Violencias” en espacios públicos y la accesibilidad desigual que tenemos a la ciudad. Estuvimos presentes en el Foro Argentino de la Bicicleta, en Santa Rosa (La Pampa) junto a MIAA de La Plata, presentando el mapa y la experiencia lúdica “¿Lobo Está?”, en la que mediante una dinámica similar al juego de la oca, representamos un recorrido cotidiano en la ciudad, atravesado por los obstáculos y vicisitudes que nos presenta el espacio urbano.

 

“También replicamos estas actividades en Asambleas estudiantiles de la ciudad de Santa Fe, que han tenido lugar en los últimos meses, acompañando la lucha de estudiantes por la defensa de la educación pública. En el mes de agosto tuvimos además la suerte de asistir a lo que fue la Jornada sobre Ciudad Segura para niñas y mujeres, en la Defensoría del Pueblo de CABA y en el Congreso Internacional de Urbanismo y Movilidad, en el que hubo ponencias sobre Movilidad y Género por parte de grandes expertas en la temática como son Lake Sagaris, Ana Falú, Adriana Ciocoletto”.