No es un país para viejos

Centro Economía Política Argentina

Habiendo transcurrido dos años de la gestión de Mauricio Macri resulta cada vez más evidente la situación de retroceso y el proceso de deterioro de las condiciones de vida de las personas mayores de nuestro país, quienes día a día ven disminuir el poder adquisitivo de sus jubilaciones, lo que afecta notablemente su capacidad de compra de bienes de consumo básicos.

 

 

Sin lugar a dudas, en el marco de este contexto desfavorable la problemática en torno de los medicamentos adquiere mayor relevancia. En este sentido, al mismo tiempo que Pami recorta sus prestaciones y disminuye la cobertura de medicamentos, se registra una tendencia preocupante de incremento sostenido de los precios de venta de los mismos.

 

 

Existen diversos estudios que nos alarman sobre el incremento sostenido de los precios de los medicamentos en general a lo largo del último año y medio. Ahora bien, indudablemente esta situación se agrava y resulta aún más preocupante si se centra la mirada en aquellos medicamentos que son consumidos con frecuencia por las personas mayores.

 

 

Haciendo un análisis de la evolución de los precios de los 21 medicamentos más consumidos por las personas mayores arribamos a un dato preocupante: al comparar los precios de estos medicamentos relevados en noviembre de 2017 con los precios que estos mismos productos tenían en mayo de 2015, es posible registrar una inflación promedio de 124%, superando ampliamente la inflación medida para el mismo período (mayo 2015 a noviembre de 2017), que alcanza 99% (IPC ciudad de Buenos Aires).

 

 

Esto además se agrava si tomamos en cuenta la modificación de la resolución N° 005 de Pami, que agrega condiciones para poder acceder al subsidio del 100% de cobertura en medicamentos, lo que se traduce en una disminución del acceso de jubilados/as a esta prestación.

 

 

Dentro de este estudio, encontramos casos de medicamentos que son esenciales y muy consumidos por personas mayores, los cuales han sufrido un aumento que varía del 50% al 270% entre el período mayo 2015-noviembre 2017.

 

 

Patologías cardiovasculares

Atenolol, fármaco de primera elección dentro del grupo de los betabloqueantes para el tratamiento de hipertensión arterial, taquicardias y otras enfermedades cardiovasculares presentó un incremento del 66%.

 

 

Acenocumarol (Sintrom), anticoagulante necesario para evitar accidentes cerebro vasculares (ACV) en personas que padecen arritmias cardíacas incrementó su valor en un 210%.

 

 

Furosemida, diurético de masa utilizado en el tratamiento de insuficiencia cardíaca congestiva o hipertensión, que en general acompaña a otros medicamentos, aumentó un 174%.

 

 

Amlodipina (Amloc), uno de los medicamentos esenciales más recomendados por la Organización Mundial de la Salud para tratamientos de hipertensión y enfermedad coronaria, ha sufrido un aumento del 105%.

 

 

Atorvastatín (Ampliar) es un medicamento que se utiliza para reducir el colesterol y los triglicéridos que circulan en la sangre, y sufrió un aumento del 121%.

 

 

Bisoprolol (Corbis), un betabloqueante de primera elección para patologías cardiovasculares (hipertensión arterial, enfermedades coronarias, trastornos del ritmo cardíaco, cardiopatía isquémica) sufrió un aumento del 89%.

 

 

Amiodarona (Atlansil), el antiarrítmico más utilizado para las fibrilaciones aurículas crónicas y otras arritmias cardiacas, presentó un aumento del 99%.

 

 

Enalapril (Lotrial), antihipertensivo de primera elección, subió un 77%Patologías respiratorias.

 

 

La fluticasona+salmeterol (Seretide) aumentó su precio en un 170%, siendo su valor actual de $1.212. Los tratamientos para personas asmáticas o con enfermedades obstructivas crónicas (Epoc) se han visto fuertemente encarecidos. Es importante considerar que el Epoc representa el 13% de las defunciones por enfermedades respiratorias.

 

 

Ciprofloxacina (Ciriax), antibiótico de amplio espectro, utilizado para bronquitis infecciosas, neumonías o infecciones urinarias, presentó un aumento del 56%.

 

 

Amoxicilina (Optamox), uno de los antibióticos de amplio espectro más utilizados, tuvo un aumento casi del 50%.

 

 

Patologías osteoarticulares

Etoricoxibs (Arcoxia), un fármaco, antiinflamatorio no esteroideo que se utiliza para el dolor crónico de patologías osteoarticulares como artrosis y artritis reumatoidea, se incrementó el 165%.

 

 

Ácido Ibandrónico (Idinea), medicamento indicado en el tratamiento de la osteoporosis en mujeres, sufrió un aumento del 125%.

 

 

Glucosamina (Baliartrin), fármaco indicado para el tratamiento de artrosis y artritis sufrió un incremento del 111%.

 

 

Diclofenac sódico (Dioxaflez), uno de los antiinflamatorios no esteroideos más utilizados. Se utiliza tanto como antiinflamatorio así como analgésico. Es prescripto en patologías articulares (artrosis, artritis, osteoporosis, etc.). Este medicamento tuvo un aumento del 97%.

 

 

Calcimax D3, la combinación de calcio más vitamina D3, cuya prescripción médica se indica en los tratamientos de osteopenia y osteoporosis sufrió un aumento del 61%.

 

 

Otros esenciales

Clebopride+simeticona (Eudon), fármaco de primera elección como regulador de motilidad digestiva y trastornos funcionales, aumentó en los períodos de referencia 183%.

 

 

Dorzolamida (Glaucotensi lTD), gotas oftálmicas para tratar hipertensión ocular y glaucoma, sufrió un aumento del 154%.

 

 

Esomeprazol, fármaco utilizado en el tratamiento de úlcera de estómago o duodeno, gastritis y reflujo gastroesofágico, tuvo un incremento del 122%.

 

 

Dutasteride (Avodart), medicamento utilizado en el tratamiento de los síntomas de la hiperplasia benigna de próstata que disminuye el riesgo de que se produzca retención aguda de orina, aumentó un 112%.

 

 

Citalopram (Zentius), fármaco utilizado para los tratamientos antidepresivos, aumentó casi un 72%.

 

 

Para el análisis de los aumentos sufridos por los medicamentos por unidad se debe sumar que la mayoría de las personas de 60 años y más consumen en promedio entre 4-8 medicamentos, lo que hace inevitable el impacto negativo tanto en su economía como en su salud. Esta situación es sumamente preocupante, no sólo porque la imposibilidad del acceso a los medicamentos aumenta la mortalidad, sino porque además aumentan la morbilidad de patologías que generan dependencia y discapacidad, como lo es la concurrencia de un ACV con hemiplejia, consecuencia de la falta de un tratamiento antihipertensivo adecuado y oportuno. La situación de salud que atraviesan las personas mayores hoy es grave.

 

 

Según datos de Ansés de 2016, el 52% de las personas de 60 años y más cobra una jubilación o pensión menor a la mínima o igual a la mínima, con lo cual se hace inviable poder financiar con recursos propios el aumento en los precios de los medicamentos.

 

 

En suma, la calidad de vida de toda población mayor se ve muy afectada y los peligros del aumento de morbimortalidad son inminentes.

 

 

Fuente: El Ciudadano Web.