La panificadora Furman celebró cuatro años de trabajo e inserción

Desde su puesta en marcha, un total de 60 hombres que se encontraban privados de su libertad se capacitaron y trabajaron en el local de Vera y Lamadrid.

descarga (1)Este año, el principal objetivo es inaugurar el salón Sarita del Norte, que emplearía entre 40 a 60 personas

Este lunes se cumplieron cuatro años desde la reactivación de la panadería Fundación Sara María Furman. La iniciativa desde el 2013 es impulsada por el Gabinete Social de la provincia y coordinado por los ministerios de Seguridad, a través de la Secretaría de Seguridad Comunitaria; de Desarrollo Social, de Justicia y Derechos Humanos y el Instituto de Industrias Penitenciarias (Iapip).
Para el gobierno de la provincia este proyecto cumple con una triple función: producir pan para ser entregado a los sectores más necesitados; brindar la posibilidad para que un grupo de ciudadanos aprendan un oficio, y generar una acción para reinsertar a la sociedad a exdetenidos.
A través de la puesta en marcha de la panificadora Furman, el Instituto de Industrias Penitenciarias otorga la posibilidad a las personas privadas de su libertad de contar con una capacitación y salida laboral a futuro. Es por esto que desde el organismo consideran que se ha convertido en una herramienta para que se reincorporen a la sociedad a través de un trabajo.
“Este aniversario lo vivimos con la emoción de la continuidad del proyecto de Boris Furman, dado que la actividad solidaria que se realiza en La Sarita sigue beneficiando a lo que es el barrio Roma, Santa Rosa de Lima y aledaños, dando la posibilidad a las familias de menores recursos de adquirir algo tan preciado como son el pan y sus derivados”, sostuvo Cristian Bortolotto, director de Iapip.
A pesar de que la producción de la panificadora varía en relación a la época del año, estimaron que esta pueda variar entre los 150 a 200 kilos de pan diarios.
“Donamos a muchas instituciones que trabajan en forma conjunta con el Estado en la participación social, porque consideramos que también es nuestra función”, explicó el titular de Iapip. Esta acción se repite con productos como los bizcochos y facturas que se elaboran. En ese sentido aseguraron que la fabricación es variable en relación a las donaciones que se realicen.
Desde su puesta en marcha a la actualidad, más de 60 personas tuvieron la oportunidad de capacitarse y aprender el oficio. “En la actualidad los números indican que no llega al 10% el total de personas que reincidieron en el delito –sostuvo Bortolotto–, con lo cual habla a las claras de que es el mecanismo que debe usar el Estado para trabajar en seguridad”.
Sarita del Norte
Uno de los objetivos fundamentales que se persigue desde el Iapip consiste en terminar de dar forma al salón La Sarita del Norte, ubicado en la avenida Blas Parera 8800.
Esta infraestructura se puso en marcha en 2015 y hasta ahora se viene llevando adelante. “Estamos a la espera que desde el Ministerio de Gobierno y el Plan Abre podamos gestionar los fondos para el equipamiento, que supera los 3 millones de pesos”, adelantó Bortolotto.
El equipamiento que se centra en los hornos, amasadores y los detalles que hagan a las instalaciones serían la base para concluir otro proyecto que se ha postergado a lo largo de los años, a la espera de contar con el instrumental necesario para llevarlo adelante: la fabricación de pastas frescas. Al respecto el director de Iapip recalcó que este producto se destinaría a un grupo reducido de personas.
“Nuestro objetivo, si salen los fondos de equipamiento, sería después de mitad de año poder inaugurar esta nueva panadería porque creemos que lo necesita la zona norte de la ciudad. Ese es nuestro objetivo, tratar sí o sí que este año esté finalizado y puesto en marcha el proyecto”, adelantó el titular de Industrias Penitenciarias.
En torno a la cantidad de gente que se abocará a trabajar en este emprendimiento una vez que se haya finalizado, deslizó que esta será considerablemente mayor a la que hoy asiste al local ubicado en Vera y Lamadrid.
Al respecto, Bortolotto estimó que en las nuevas instalaciones podría triplicarse el número de trabajadores y no bajaría de entre 40 a 60 personas.
En la actualidad, en el local Furman son 12 capacitados los que acuden, más el personal de Iapip y Seguridad Comunitaria, trepando a 20 el total de personas que allí se desempeñan. “Por lo que pasa a ser un proyecto muy importante en lo social y obviamente en la recuperación de las personas privadas de su libertad”, analizó.
Continuidad y apertura
Este año el Iapip puso en marcha una nueva sastrería en la Unidad 16 de Pérez, en la cual se encuentran capacitándose ocho internos y la idea es que esa cifra trepe a 14.
El instituto se marcó como objetivo para 2018 la producción de guardapolvos para ofrecer la producción a un costo accesible tanto a escuelas rurales como a familias de bajos recursos. Es porque se está trabajando en las cuatro unidades en las que se cuenta con este taller.
“Tenemos un desafío para llevar adelante para proveer a la policía, en base a eso estamos gestionando abrir una nueva sastrería en la Unidad 2 de Las Flores”, adelantó el titular del organismo.
Además se trabaja en la apertura de nuevos talleres como el de fábrica de bolsas y telar en el penal de Piñero, como así también una nueva carpintería. En tanto en la Unidad de Pérez se está trabajando en la apertura de un taller de herrería. La intención es seguir aumentando la capacidad de producción de muebles escolares.
El año pasado el Iapip demostró contar con la capacidad necesaria para proveer al Ministerio de Educación, ya que fabricó un total de 1.700 juegos escolares.
“Sabemos que la provincia tiene una demanda anual que alcanza los 5.200 juegos promedio, por lo tanto a través de esas herrerías y carpinterías vamos a poder duplicarla cuando a fin de año estemos llegando ya a los 2.800 juegos. Es el desafío que tenemos por delante”, aseguró Bortolotto.
Por otro lado, en la Cárcel de Mujeres de Santa Fe se actualizó y puso en marcha, con la colaboración del Servicio Penitenciario, un nuevo telar. “Para que las internas de los talleres de esa unidad puedan hacer centros de mesa y tejidos con el telar que estaba abandonado”, explicó el director de Iapip.
El principal objetivo que se persigue a través de estos talleres y cursos que se brindan a los internos, además de ofrecer la producción que estos elaboran, es formar a través del oficio a las personas privadas de la libertad para que al momento de reinsertarse lo hagan con un nuevo horizonte.
Fuente: Diario Uno de Santa Fe