Educación sexual en las escuelas

Polémica. Algunos grupos están buscando frenar la ESI con una campaña plagada de mentiras. Niñas, niños y jóvenes siguen siendo víctimas de situaciones graves.

Por Juan Pablo Casiello – Docente, Secretario Gremial de Amsafe Rosario

En estos días se viene dando una fuerte polémica en muchas instituciones educativas —y también en los medios de comunicación y en las redes sociales— sobre la ESI: la Educación Sexual Integral. Equipos directivos han recibido cartas de algunas familias en donde “prohíben” que sus hijos e hijas reciban educación sexual, desde varios sectores se impulsa la campaña denominada #conmishijosnotemetas y hasta se han hecho convocatorias a manifestarse en calles y plazas que por cierto resultaron minoritarias.

El tema no es nuevo. En realidad la Ley 26150 de Educación Sexual Integral fue sancionada en el año 2006 y además muchos de los derechos que contempla ya estaban planteados en leyes anteriores o en tratados internacionales que en nuestro país tienen rasgo constitucional desde la reforma de 1994.

¿Quiénes y por qué en estos momentos están impulsando esta campaña que busca desconocer una ley vigente? No es ningún secreto que detrás de la campaña contra la ESI están un conjunto de iglesias con diferente arraigo en nuestro país. El dato no puede sorprender, ya en el 2006 la jerarquía de la Iglesia Católica hizo lo posible por evitar la sanción de la ley y logró imponer algunas modificaciones importantes.

Este año, durante el debate por la ley de interrupción voluntaria del embarazo muchos representantes de las iglesias repetían que la ESI era el mejor camino para evitar el aborto… pero una vez logrado en el Senado el rechazo de esa ley lanzaron una fuerte campaña contra la ESI.

Aunque cueste creerlo, ya entrados en el siglo XXI nos encontramos con argumentos y debates propios del siglo XIX. Allá por el 1884, impulsada por Sarmiento, se sancionó la Ley 1420 que estableció la educación primaria, gratuita, laica y obligatoria para todos los niños. También en aquel momento se debió enfrentar a la oposición de la cúpula de la Iglesia. Pero sin dudas se consagró un derecho: el Estado se obligó a garantizar las escuelas y desde aquel tiempo los padres y madres tenemos la obligación de enviar a nuestros hijos.

Durante décadas la Iglesia planteó un debate sobre los contenidos educativos vinculados al origen de la vida y las teorías de Darwin. Respetamos que en las iglesias se transmita el relato del Génesis que habla de la creación del mundo en una semana laboral, pero eso nada tiene que ver con los contenidos científicos que deben transmitir las escuelas.

Los niños, niñas y jóvenes que asisten a las escuelas no son propiedad de sus padres y madres, ni de nadie. Son sujetos de derecho a los que un Estado democrático y laico debe cuidar y ayudar a formar desde la ciencia y el espíritu crítico. La Ley de ESI fue sancionada con ese objetivo.

Campaña plagada de mentiras

“A los chicos les enseñan a masturbarse”. “En las clases de ESI promueven la homosexualidad”. “Les enseñan cómo tener sexo”. “Adoctrinan a los chicos con ideología de género”. Es obvio que nada de esto es cierto. Pero como en las peores campañas electores hay especialistas en el uso de las redes sociales que conscientemente arman estas mentiras y grupos de personas desinformadas que por diversos motivos las retransmiten. De acuerdo a la ley y a las definiciones que acordaron los ministros de Educación de todas las provincias en el marco del Consejo Federal de Educación, la ESI no es una materia específica sino un contenido transversal que debe atravesar de conjunto a los distintos espacios curriculares. Posee contenidos diferenciados por niveles (inicial, primaria y secundaria) que se ordenan alrededor de cinco ejes: ejercer nuestros derechos, respetar la diversidad, perspectiva de género, cuidar el cuerpo y la salud, valorar la afectividad.

Vivimos tiempos difíciles, violentos, de una profunda crisis social. Se trata de un momento contradictorio porque durante estos años hemos logrado establecer por ley algunos derechos fundamentales pero mucho es lo que resta avanzar para que sean efectivos. Lo más duro es que nuestros niños, niñas y jóvenes son las principales víctimas de situaciones graves.

Porque los embarazos adolescentes son una realidad en nuestras escuelas secundarias y las enfermedades de transmisión sexual siguen presentes y en aumento; porque miles de niños y niñas padecen abuso sexual de integrantes de su núcleo familiar, curas pederastas u otra gente cercana; porque marchamos gritando “Ni una menos” pero la violencia de género y los femicidios no paran; porque tanto nos cuesta acabar con la homofobia y otras formas de discriminación; porque las mujeres siguen sufriendo la opresión de género; porque desde los medios de comunicación se impone un modelo de belleza estereotipado y falso; porque continua habiendo mafias organizando el negocio de la trata; en fin, por todo estos elementos de una realidad tan difícil es que necesitamos avanzar por un camino que necesariamente pasa por defender y fortalecer la ESI.

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